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Un amor que nunca falla
El Sagrado Corazón avivó la
vocación de un joven hacia el sacerdocio hace más de 80 años.
Aunque nunca
fue ordenado, la vida y devoción de Frank Parater sirve de
modelo para los
seminaristas de hoy.
por Joseph Pronechen
Frank Parater, monaguillo,
Escucha, seminarista y ahora en el proceso de convertirse en santo, es un
ejemplo brillante para los Caballeros de lo que el Programa del Sagrado
Corazón para la Santificación de Sacerdotes puede realizar.
Parater nació en Richmond,
Virginia, en 1897 y murió en Roma el 7 de febrero de 1920. Inmediatamente,
su Acto de Oblación al Sagrado Corazón comenzó a conmover otros corazones.
Incluso los Papas Benedicto XV y Pío XI solicitaron una copia.
“Los mismos tipos de valores
que vivió Padre McGivney también se podían encontrar en el Siervo de Dios
Frank Parater”, dice Padre J. Scott Duarte, postulador de la causa para la
canonización de Parater, y quien es también Caballero del Cuarto Grado y
miembro del Consejo Our Lady of Lourdes #9953 en Richmond. “Ambos hombres
buscaban moldear sus vidas con una unión profunda e íntima con el Corazón
de Cristo que los motivó a entregarse en el servicio a los demás.
Pero antes de que Frank Parater
fuera ordenado, murió a causa de fiebre reumática mientras era seminarista
en el Pontificio Colegio Norteamericano. Sólo entonces se descubrió su
testamento, el Acto de Oblación al Sagrado Corazón.
“Lo abrí y leí el documento más
asombroso que jamás había leído o tuviera esperanza de leer”, escribió
entonces su compañero seminarista Francis Byrne a la hermana de Frank.
Parater comenzó su Acto de
Oblación: “No tengo nada que dejar ni que dar sino mi vida, y ésta la he
consagrado al Sagrado Corazón para usarse como sea Su voluntad. He
ofrecido mi todo por la conversión de los no católicos en Virginia. Desde
que era un niño he querido morir por el amor de Dios y por mi prójimo”.
UNA CONEXIÓN CON CABALLEROS DE
COLÓN
Parater era un lector ávido y un
Niño Escucha activo. Antes de cumplir 20 años, se convirtió en director de
campamento de los Escuchas en Richmond y en Nueva Jersey, introduciendo
una media hora de oración nocturna para los niños.
Desde su primera Comunión hasta
ingresar al Seminario Universitario de la Abadía de Belmont en Carolina
del Norte en 1916, sirvió en la Misa del monasterio de las religiosas de
la Visitación cerca de su hogar.
De acuerdo con Padre Duarte, en
la abadía Parater definitivamente estaba asociado con los Caballeros de
Colón y sus programas para las tropas militares durante la Primera Guerra
Mundial puesto que usaba el papel timbrado de los Caballeros. Lo más
seguro es que Parater estaba vinculado con los cuatro centros de
recreación de la Orden para los soldados en Camp Greene en Charlotte,
Carolina del Norte, cerca de la Abadía de Belmont. Todos los días, Parater
iba a Misa y recibía la sagrada Comunión, rezaba el rosario y el Memorare,
y leía la Biblia. Todas las semanas se confesaba. Siempre vivió con la
convicción duradera de que “el Sagrado Corazón nunca le falla a quienes lo
aman”.
Eso lo aprendió a temprana edad,
especialmente sirviendo la Misa para las hermanas de la Visitación,
“siempre reconocidas por su fuerte devoción al Sagrado Corazón”, señala el
Dr. Timothy O’Donnell, presidente del Christendom College en Virginia y
consultor teólogo de la causa de Parater. “Él estuvo rodeado desde su
niñez por imágenes del Sagrado Corazón, y respiraba ese ambiente católico
y la devoción que se encontraba por doquier”.
Explica que Parater también
tenía un verdadero apego por su estado, un amor por Richmond y su iglesia
local, un amor por la gente y por el Santo Padre, y un intenso amor por
Jesús, el sacerdocio y la Misa.
“Esto”, concluye O’Donnell, “lo
convierte en un modelo ideal para los seminaristas de hoy”.
UN SANTO DE LOS SEMINARISTAS
Eso es exactamente la creencia de
los seminaristas de Richmond. “En particular, sus escritos desde el
seminario respecto a su propia experiencia y fe en el Sagrado Corazón de
Jesús me llevó a reconsiderar mi propia devoción al Sagrado Corazón”,
explica Daniel Beeman, quien se encuentra en su cuarto año de estudios en
el Colegio Teológico de la Universidad Católica de América en Washington,
D.C.
“El Sagrado Corazón de Jesús es
el modelo exacto de pureza que un sacerdote confía emular”, expresa
Beeman. “Es la imagen perfecta para el sacerdote, puesto que el sacerdote
está tratando de ser el rostro y el amor de Jesús en el mundo, y el
Sagrado Corazón es verdaderamente la totalidad del amor de Cristo por
nosotros”.
Un compañero seminarista, Tony
Marques, en su tercer año de estudios en el Colegio Teológico, está de
acuerdo. “Lo que más me llama la atención sobre el Sagrado Corazón es la
misericordia y la generosidad infinitas de Cristo”, dice. “Así es como
Frank Parater vivió. Él fue extraordinariamente bondadoso con todo el
mundo”.
Marques encuentra algo que es
también digno de mencionar: “Hizo que la santidad fuese atractiva y
accesible”, dice. “Parte de mí, ésa es la marca de un santo. La gente
quería estar a su alrededor”.
EL SAGRADO CORAZÓN EN EL AÑO DE
LA EUCARISTÍA
En la Iglesia de la Inmaculada
Concepción en Towson, Maryland, el Padre Matthew Buening, miembro del
Consejo St. Louis the King #11898 en Clarksville, comenzó su devoción al
Sagrado Corazón mientras era seminarista en el Colegio Norteamericano en
Roma, gracias al Acto de Parater.
Luego de leer la primera línea,
concluyó: “Si queremos contar con corazones que se interesan por el pueblo
de Dios, necesitamos ser devotos de ese Sagrado Corazón de Jesús,
especialmente como sacerdotes. Esa clase de obediencia y consagración al
Sagrado Corazón contribuyó a mi formación en el seminario”.
Esa devoción está íntimamente
vinculada con la adoración eucarística. El Dr. O’Donnell señala que todas
las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María
Alacoque se efectuaron en un escenario eucarístico.
“El Sagrado Corazón es una
devoción de amor, el Santísimo Sacramento es sacramento de amor”, dice.
Jesús se da a sí mismo en la Eucaristía, y da el amor de su Corazón.
Siempre hay un vínculo profundo entre los dos. Eso es algo que debe haber
sido una gran parte de la niñez de Frank”.
El Dr. O’Donnell señala el amor
de Frank por la Eucaristía era tan grande que durante su terrible
enfermedad luchaba por arrodillarse junto a su cama para recibir la
Comunión, así de profunda era su reverencia por la Presencia Real de
nuestro Señor.
“Cada Caballero y seminarista,
religiosa y sacerdote, al fomentar el amor por el Sagrado Corazón de Jesús
y acercársele en adoración eucarística, se sentirá atraído a una
conversación íntima del corazón con Cristo”, dice el Padre Duarte.
“Enriquecidos por el Amor Divino, se entregarán a sí mismos a sus familias,
comunidades y feligreses en servicio animado con el amor”.
El 27 de febrero, la diócesis
de Richmond tiene en planes cerrar su fase de la causa para la
beatificación del Siervo de Dios Frank Parater, seminarista, en una Misa
en la Catedral del Sagrado Corazón.
Frank Parater estará llevando
una vez más la gente a Cristo, recordándole a todos: “Recuerde que el
Sagrado Corazón nunca le falla a quien le ama”.
Joseph Pronechen escribe con
regularidad para la prensa católica desde su hogar en Trumbull,
Connecticut.
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