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El día
de su fiesta, el 12 de diciembre de 1999, a la vuelta del
tercer milenio, una imagen permanente de Nuestra Señora
de Guadalupe fue consagrada en la Catedral del Sagrado Corazón
durante una Misa bilingüe inglés-español
concelebrada por Monseñor Charles Kelly, Vicario General
y Rector de la catedral, Monseñor Thomas Shreve, Vicario
General, Monseñor Miguel Schmied, Vicario para el Apostolado
Hispano, y otros sacerdotes de la diócesis.
La imagen
es una réplica de tamaño natural de la original
en el altar mayor de la Basílica de Nuestra Señora
de Guadalupe en la ciudad de México. Fue adquirida
por Monseñor Schmied y Elisa Montalvo en la Basílica,
donde fue bendecida por su Rector el 4 de julio de 1999.
La Virgen
de Guadalupe, Patrona de América, ha sido nombrada
por el Papa Juan Pablo II la Estrella de la Nueva Evangelización,
"nueva en ardor, métodos y expresión".
El Papa utiliza la palabra América en singular para
unir Norte, Centro, Suramérica y el Caribe en una entidad:
el Nuevo Mundo, que nació católico hace 500
años.
El catolicismo
vino a América en 1492. El encuentro entre los conquistadores
y los indígenas fue muy doloroso, marcado por guerra
y enfermedades. Hacia 1531 muchos nativos creían que
había llegado su fin y solamente unos pocos habían
adoptado la nueva religión extranjera. No fue sino
hasta la aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan
Diego que el mensaje de un Dios amoroso fue revelado y alrededor
de ocho millones de personas se convirtieron al cristianismo.
Nuestra
Señora de Guadalupe se le apareció a Juan Diego,
un pobre indígena, en medio de la temporada de adviento
en 1531, llevando puesta la faja que usaban las mujeres aztecas
encintas. Sus facciones eran las de una mujer mestiza, la
nueva raza creada por la mezcla del Viejo y el Nuevo Mundo.
Le habló en nahuatl, su lengua nativa, y le dijo que
fuera donde su obispo y le pidiera que construyera un templo
en la colina del Tepeyac, donde apareció.
Juan Diego
fue donde su obispo, Juan de Zumárraga, quien no le
creyó su historia. Sintiéndose indigno y derrotado,
Juan Diego trató de evitar a la Virgen, pero ella continuó
apareciéndosele y animándolo a completar su
misión, aunque él le suplicó que escogiera
a alguien más importante, de más prestigio.
Finalmente, el 12 de diciembre, le proporcionó rosas
de Castilla, que estaban fuera de estación, como prueba
de sus apariciones. Juan Diego llevó las rosas en su
tilma. Cuando las rosas cayeron a los pies del obispo, apareció,
impresa en la tilma, la imagen de Nuestra Señora de
Guadalupe que hoy está puesta en la Basílica
en la colina del Tepeyac en la ciudad de México, el
templo que al fin se contruyó a consecuencia del milagro.
Nuestra
Señora de Guadalupe está ahora en nuestra Catedral
del Sagrado Corazón. Así como le devolvió
su dignidad humana a Juan Diego y su pueblo y pidió
que se construyera un templo donde todos fueran bienvenidos,
ella nos anima a que construyamos en nuestros corazones templos
de amor para todos, especialmente los pobres, los enfermos,
los marginados y los oprimidos. Como Juan Diego, escuchémosla
y llevemos su mensaje para evangelizar el mundo, para convertir
una cultura de muerte en una cultura de vida. Ella siempre
nos acompañará con las palabras que dijo a Juan
Diego: "No dejes que tu rostro y tu corazón se
acongojen. ¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu
madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra y mi protección?"
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